Soy cristiano y me gusta el anime

Un testimonio sobre un creyente y su adicción al entretenimiento

Ángel Roman

Eso es lo que me definía hace algunos años, y si tú llegaste aquí buscando la relación entre estos dos conceptos, o aún, si alguna vez has pensado lo mismo, te invito a que leas el resto del post

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El Castillo Ambulante

Según el diccionario Merriam Webster, anime significa: “Un estilo de animación originario de Japón, caracterizado por gráficos coloridos representando personajes vibrantes en historias llenas de acción con toques de temas fantásticos y futuristas”.

Después de aclarar el concepto de anime que me parece importante, quisiera empezar platicando un poco de mi historia con el anime. Nací y crecí en México y desde que tengo memoria en la televisión abierta, a parte de la programación nacional, se transmitían otro tipo de caricaturas, algunas de origen estadounidense pero muchas, la gran mayoría, de origen japonés. Los que sean de México o de algunos países de América Latina que hayan nacido en los 80’s se identificarán con series como Robotech, Candy Candy, Remi, Supercampeones (Captain Tsubasa) y un largo etcétera. Las dos televisoras que mantienen un duopolio en el país tenían caricaturas con “monitos chinos” en su programación diaria.

Crecí normalmente y gracias a la influencia que tenemos de los medios, mi gusto por este tipo de programas fue progresivo y proporcional a mi edad. Conforme el tiempo avanzó, la complejidad de los temas que se abordaban en las series también iba en aumento. Como ejemplo podemos tomar las tramas de Caballeros del Zodiaco o de Dragon Ball que toman historias de la mitología griega o del folklore japonés para presentarnos historias entretenidas, con personajes bastante definidos en su trasfondo, y aunque tenía una idea de la “ideología” de ese tipo de series simplemente me enfocaba en la historia que se desenvolvía en el televisor como cualquier otra.

Mi gusto o afición siguió en aumento, compraba el material que estaba a mi disposición cuando tenía oportunidad, DVD’s, mangas (historietas), figuras, tarjetas, etc. Con la llegada del Internet, estando en la preparatoria y después en la Universidad, no había límites en materia de ver series o leer mangas en linea. Obviamente consumía la mayor parte de mi tiempo en ello, pero según mi percepción eso no tenía tanta importancia, seguía siendo un alumno ejemplar que cumplía con sus responsabilidades, que además formaba parte de un grupo de personas que se hacían llamar otakus… y no olvidemos también me hacía llamar cristiano.

Como mencioné, con el tiempo las series fueron tomando un giro más complejo, no solo en la calidad de la animación, sino en los temas que se abordaban y los trasfondos que tocaban. Estoy consciente de que hay un sinfín de géneros en el anime y manga que van dirigidos a diferentes edades o incluso a diferentes nichos sociales. Yo consumía todo lo que podía no importando si las historias o el género no iban dirigidos hacia mí. Estar al día de lo que sucedía en el “mundo del anime” era lo que importaba y así, poco a poco, mi conciencia se fue apagando ante la descomunal cantidad de material que consumía.

Yo nací en una familia cristiana y, sin embargo, ante mi afición adquirida a través de mi vida, los valores y principios en los que creía fueron tomando cada vez menos importancia en mi vida diaria, en mi interior seguía “querer” creyendo que podía llevar esa “dualidad” en mis gustos y que no estaban peleados de ninguna manera en lo que como “cristiano” debía de ser y de creer.

astroboy

Astroboy

Retomando el hilo de la historia, estaba muy lejos de lo que en realidad pensaba, de mi supuesta vida cristiana y sobre todo de Dios. Si volvemos al concepto de anime nos topamos inmediatamente con el origen: Japón. Japón es un país con una cultura bastante antigua, de la cual podemos ser testigos incluso en nuestra actualidad, la tecnología que predomina en el país Nipón no está peleada con sus costumbres y tradiciones de antaño. Pero movámonos más atrás, el anime toma muchas historias de los mangas, o lo que sería equivalente al comic aquí en América; a su vez el manga surgió en Japón como forma de expresión durante los siglos 18 y 19 donde artistas plasmaban sus ideas o ilustraciones en respuesta a los acontecimientos de ese entonces, además de otros motivos como paisajes, historias, etc.

¿Tiene eso algo de malo? No, en muchos países es normal que los artistas expresen sus ideas en infinidad de formas, y eso ha sucedido en infinidad de culturas alrededor del mundo. Sin embargo poco a poco el manga fue diversificándose tanto que fue impregnándose no solamente de los ideales de los artistas, sino de la religión y costumbres de Japón. La religión principal en Japón es el shinto o el sintoísmo que básicamente busca la adoración de distintos kamis o “espíritus/dioses” de la naturaleza (Información tomada de Wikipedia), por otro lado el budismo que reconoce a Buda y sus enseñanzas como figura principal.

No podría decir que TODAS las series de anime son inspiradas por las creencias o religiones de Japón, pero si se me permite, podría decir que la MAYORÍA de ellas lo están. No importa cuál sea el género: romance, acción, fantasía, suspenso… en casi todos ellos hallaremos referencias a las enseñanzas y/o creencias de estas dos religiones. Si eres cristiano, ¿por qué te interesaría ver series acerca de magia, alquimia, brujería, rituales budistas, meditación, adoración a los elementos, etc.?

Antes de continuar, quisiera aclarar que esto solo empezará a tener sentido si eres cristiano o si te consideras uno, y aún así disfrutas como hobby ver este tipo de entretenimiento. Como la palabra cristiano lamentablemente puede significar algo diferente para muchos, hablemos de un cristiano como alguien que es seguidor de Jesús, cuya vida se basa en sus enseñanzas y testimonio.

Como decía, de pronto incluso al ver estos vistazos o referencias religiosas, las pasaba por alto, o no les tomaba importancia aunque para la serie eran una referencia primordial para su desarrollo. Poco a poco me fui dando cuenta que estaba siendo demasiado permisivo al dejarme ser entretenido por una serie que me hablaba acerca de la muerte y de como de alguna forma un humano podía tener el control de la misma (si, estoy hablando de Death Note). No fue hasta que personalmente Dios empezó a convencerme de lo que estaba haciendo y de lo que se suponía debía de hacer, no solamente de la forma en que consumía mi tiempo y mi dinero, sino de lo que estaba entrando a mis oídos pero sobre todo a mi interior. Y quiero ir más allá, no solamente de lo “oculto”, sino de lo explícito de las referencias sexuales o “fan service” que se han vuelto algo normal para quienes en algún momento ni siquiera estaban interesados en dicho contenido. Te pido que te preguntes cuán lejos has ido de cuando empezaste a ver anime por primera vez.

Quiero concluir aclarando que no podría decir que “el anime es del diablo”, eso sería como decir que “la animación de tal país es del diablo”. Estaría englobando toda una industria bajo un mismo término. Considero que hay historias bastante buenas que son transmitidas de una manera muy neutral, pero podría compararlo a tratar de encontrar una aguja en un pajar, puede que las encuentres pero finalmente, si sigues tomando al anime como forma de entretenimiento y/o afición solo te llevará a ver más anime, es un ciclo que solamente te trae satisfacción si sigues en él.

Probablemente he dejado muchas cosas en el aire, pero sentía que debía de escribir un post al respecto. ¿La razón? He visto cómo de la misma forma que me sucedió a mí, muchos jóvenes viven esta doble realidad, en la que no solamente su tiempo y dinero es consumido, sino que su mente y espíritu están siendo llenados de imágenes, mensajes e incluso doctrinas totalmente contrarias a lo que dicen creer. Nosotros mismos no podemos ver esta realidad muchas veces, o simplemente hacemos oídos sordos frente a lo que en el momento “nos conviene”.

Si crees que estoy equivocado, estás en todo tu derecho de creerlo, pero si crees que hay algo de razón en lo que intento decir y quieres saber más, no dudes en ponerte en contacto.

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